Veinticinco minutos de pensamientos inquisitorios de un gasto de tiempo innecesario
No puedo decir que te conozca desde que era niña, pero ya tengo suficientes evidencias para pensar que puedo cerciorarme de que si matas a alguien, no va a ser ni de ni por amor. Pero se vienen cosas.
Todo empezó cuando, bien entrado el mes de febrero, no había otro hecho que sugiriese la aproximación de la primavera que los cerezos de Castilla en flor. El frío de mis caladas, congeladas al entrar en contacto con mi cuerpo, o la pesadumbre de mi hígado, nunca llegarían a anticipar lo que estaba a punto de ocurrir

56 calle de santa engracia, segovia
No habían llegado a dar las 21 campanadas en la torre de la catedral
cuando ya habías salido a cazar.
Sin pudor ni rencor,
siquiera una mínima respuesta al “por qué” de tus actos,
atravesaste la ventana con una mirada
que sentí como me atravesaba
aún antes de haberla correspondido.
Aún antes de saber quién era, de donde venía o lo que hacía,
sentado en el banco de una mesa de un VIPS con mi racionzuela de patatas,
pretendiste acaparar todo pensamiento con un ridículo gesto.
La ventana la atravesaste
con una mirada de complicidad de tus visiblemente complacidos colegas,
en el crimen más cobarde de disparar una mirada a través de un cristal.
Procediste pues a dispararla, como si el cristal fuese a diluir
el odio que el contacto roce visual gritaba,
como si en el fondo ya hubieses tenido seguro
que nadie iba a reaccionar en consecuencia.
Como si tuvieses claro que por encima de todo,
estarías por encima de cualquier testigo,
y tu fe se impondría ante cualquier contraria palabra.
Disparaste un proyectil,
con la misma velocidad con la que tu brazo derecho tomó el ángulo perfecto
para aplicar la ley de fugas a mi más mínimo pensamiento premonitorio de tus actos
y dejar firmada ante tu preciada víctima tu sentencia final.
Disparaste todo el odio que guardabas dentro hacia mi,
sin saber siquiera lo que estabas empezando.
Y no volveré a verte la cara, pero ahora has decidido formar parte de mi vida:
ten por seguro que no es fácil salir de ella.