treinta y uno parte dos que !debería ser treinta y dos pero no va a serlo porque el 12 me lo he saltado y así ajusto cuentas que ya me canso de andar restando un número para saber cuantos posts hay ya
Se me están yendo de las manos los títulos. Me gusta que ayer hayamos crecido en esta familia de 25 a 31. Sois seis nuevos adoptados, os podéis dar por aludidos. Voy a seguir con mi película yay :)...

Estás en el mismo asiento impar, con una pierna cruzada cortando tu circulación. Han pasado prácticamente veinte minutos desde la última vez que tomaste conciencia del propio paso de las horas. Despreocupadamente miras el reloj, y empiezas a asumir que estás esperando el paso de un tren que siquiera había salido de las cocheras.
No, no iba a llegar nadie y no ibas a protagonizar ninguna escena romántica. El destino te ha fallado, nadie va a acercarse a ti a preguntarte la hora que no sabes, nadie va a saludarte angélicamente para hacerte sentir cómodo. Vives en ese letargo sin fin propio de un mes de agosto, disocias de tu propio personaje. En el fondo, la película romantizada que habías protagonizado esos últimos veinte minutos la has vivido.
Ante todo, sigues viviendo en ese lugar de tubos fluorescentes y plantejadamente incómodo que es la estación. Se te eriza el pelo con la humedad de la niebla, parece que todo va mal. No hace ni una hora que estabas tirado en cama y te planteas la externa necesidad de supeditar tus decisiones a aquello que se te impone como lo necesario. Haberse quedado en cama habría sido la perfecta opción, en el óptimo momento en que ha sonado tu despertador. Pero no, te has levantado con el mismo pesar matutino para fijarte en el mismo andén, y te ves encerrado en el mismo momento en el que, otra vez recuerdas, has estado anteayer, ayer, y otros tantos días.
Tus cascos saltan ordenadamente del -
“Si vas a matar, este es un buen momento.
Mátame ya y llega hasta el final.
No puedo más.”
- al -
“No será el glamour de nuestros peinados.”
- del escuchar Santa, canción por canción. Es sinceramente tan relatable, aunque no seas esa rubia. No te enteras de qué quiere hablar, pero a la vez no tienes ninguna duda sobre absolutamente nada. Es una caída libre. Una revelación de nula voluntad de seguir esperando. Pero se está tan bien en ese reposatraseros antiergonómicamente plástico, que no merece la pena siquiera volver a casa.
Descansa tu bolso abierto de par en par sobre tus piernas (por primera vez no son tus piernas las que se abren ante otro). No está lejos el cuaderno morado que tantos sacrificios de tinta ha presenciado, que tantas puntas de grafo ha besado. Dice en su antepenúltima página

“Me huelen las yemas a puto vómito,
Voy hasta el culo de lorazepam.
Si supiera qué es lo que odio,
Lo que quiero, lo que no soporto más.
Una sintaxis incoherente se apodera
De mi lengua, de mis labios, de mis besos, de mi cuerpo.
Joder, no es que ya no entienda nada,
Es que te estoy hablando a la cara y te da igual.”
y añades una fórmula típicamente indie progresiva de la menor, fa, do y sol. ChatGPT diría que aporta un tono melancólico. Yo diría que me da un carácter preocupado pero bailante. La verdad es que parece un buen concepto. Te gusta mezclar los versos con la tinta de la misma manera que el vodka con las tazas de porcelana. Te decides a matar tu personalidad y continuar con la estrofa más básica de la historia. En el fondo, tu historia y tu raya del ojo negra no tienen tanto de diferente, no?
“Las noches se alargan entre colillas y sombras,
Buscando respuestas en anchas copas rotas.
El resonar de un grito que tú no escuchas,
Perdido en las mismas calles de vómitos y brechas.”

Los pensamientos no acabarán por morderte. Al menos, no los tuyos, porque no son tan fuertes como las ofertas de perfumerías en linkedin para salir de tu cabeza.