treinta y un minutos tras la séptima campanada de una iglesia remota, tirando en un andén, esperando a que pase mientras pierdes el tiempo

Parte primera de una historia pseudocoherente que acabo de devanar, pero sobre todo, sentir. Todo cuerpo es un templo, mi torso definido no es una escultura. No voy a ver pelis y tomar vino contigo.

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treinta y un minutos tras la séptima campanada de una iglesia remota, tirando en un andén, esperando a que pase mientras pierdes el tiempo

Mesdames, messieurs, le trajet arrive maintenant au but de la ligne. S’il vous plaît, descendez de la voiture et prennez soin de la bordure du quai. Pour la sortie, veuillez prendre le passage subterrain, il est interdit de croisser à pied.

Los viajes en tren tienen inicio y final. Los billetes se compran con origen y destino. Está perfectamente organizado, todo es un plan. Todo sigue una hoja de ruta, se vuelve una fiesta de números que gobiernan con un lema: la puntualidad. Llegar a tiempo, de tal manera que nadie pueda perder su próximo tren. Llegar cada cosa a su ritmo: estación por estación, decepción por decepción.

Todo funciona perfectamente: tu te subes a tu tren y salvo que atropelle a un caballo, circulará siguiendo la misma hoja de ruta que ayer, anteayer, mañana y pasado mañana. Es un número de 5 cifras que, fuera de toda denominación comercial, presta un servicio. Está pues creado para funcionar, a la par de muchos otros materiales rodantes, al unísono. Cada uno en su dirección, cada uno siguiendo su rumbo, dirigiéndose a los más remotos confines de cada continente.

Pero, esta mañana te has levantado. No has perdido el tren, tampoco ha pasado delante tuya. No hay nadie a quién preguntar si ya ha pasado, simplemente estás tu en un andén marcado con una línea amarilla. Una línea que te advierte de tus límites.

No te tires a la piscina sin saber si hay agua.

Hasta los asientos de plástico ergonómicamente inversos, están diseñados para que te sientes a esperar al tren y no pienses en otra cosa que en levantarte. Pero no pasa. El reloj prototípico de ADIF del 2012 no mueve sus agujas, ni está retroiluminado como de costumbre. Sólo escuchas el zumbido del viento y el vaivén de una triste catenaria alimentada a 3 kilovoltios de corriente contínua, esperando que en cualquier instante te alerte de la más remota esperanza sobre la presencia de un coche en movimiento. Un chispazo, típico de la serie 9000 metromadrid a 1500 voltios.

No hay indicios siquiera en los monitores de que haya prevista una llegada en los próximos 75 minutos.

-Es pronto- piensas, en un desesperado gesto de girar tu pesado cuello hasta encuadrar el ángulo justo para enfocar el cristal de zafiro del reloj que te había dejado tu abuelo. Si, en efecto, te encuentras en el mismo lugar, a la misma hora, en el mismo asiento, viendo como las gotas de rocío corren por los raíles al ritmo del viento. No has cambiado nada, en realidad no has movido una mota de polvo que fuese nueva. Escuchas la misma música con el par de cascos negros, con el derecho medio destripado.

No sabes qué has hecho, pero la sensación de culpabilidad es inevitablemente embriagante. Todo debería salir como de normal, pero nadie te ha avisado de que tu tren hoy no pasaría. No hay cartel de correspondencia en bus, tus billetes están sellados por la expendedora con el código naranja, pero el tren no pasa.

-Todo estaba perfectamente organizado- y es cierto, no hay manera de comprender lo que acontece.- Esto no está saliendo bien. Me he debido de equivocar de andén-.

Te giras, echas un vistazo, pero todos los monitores de los 3 andenes y sus correspondientes 6 sectores A y B se encuentran en el mismo estado. Los relojes no avanzan, sigues escuchando la misma canción en bucle. El tiempo se detiene, puedes sentir como el viento deja de correr. Ya no sientes frío, los asientos no son tan incómodos.

No es una aparición divina, no sientes tampoco lágrimas en tu piel. No sabes si llamar a un taxi o irremediablemente dar media vuelta y volver a casa. A un lugar seguro, a un lugar conocido.

-En el fondo, esta estación la conozco más que mi propia casa-.

No es tan diferente, la has pisado tantas veces, que la sientes tuya. Inevitablemente se ha convertido en un lugar seguro, las paredes averdejadas y el frío que desprenden dejan de resultar extraños. Te has acostumbrado a un nuevo lugar, a un nuevo infierno. Un infierno frío, de eterna penitencia. Estás tu, contigo mismo, y por mucho que subas el volumen de la música, tu conciencia siempre va a resonar más entre esas paredes específicamente diseñadas para incomodarte y dejarte a un lado.

Apoyas la cabeza contra la pared, retorciendo tu cuello verticalmente unos 30 grados y sacando la mandíbula que tanto desearías remoldear con tal de que encajase de una ver en tu almohada. Con tal de sentir tu cama como un refugio, con tal de sentir su calor, su compasión con tu dolor irremediable de cervicales que oculta el reflejo del sol en tus ojos, agachando tu cuello. No tienes medio de remediarlo, es el peso del tiempo que, detenido, contradice todo principio relativista.


Colores. Carolina Durante.

Aunque yo no sea muy de retener
La memoria me tiene castigado
Yo no elijo lo que quiero recordar
Y me olvido fácilmente de lo malo

Hace tiempo me solías dibujar
Tirado en la cama haciendo el vago
Nara nara nara nara nara ná
Tan contento con un cómic en la mano

Coloreamos de días felices
Días que no lo fueron tanto
Y nos resultan irrepetibles
Para lo bueno y para lo malo
Y a mí me parece discutible
Porque he regresado al pasado
He vuelto еn una máquina del tiempo
La verdad es que no fue para tanto

Los paseos naranjas al atardecer
Son recuerdos a los que sigo agarrado
Y yo ya no quiero tener nada que ver
El dibujo ha cambiado demasiado
El otro día en tu casa me encontré
Tus bragas y dos condones usados
A lado de un juguete que te regalé
Y que aún espero que siga funcionando

Coloreamos de días felices
Días que no lo fueron tanto

Y nos resultan irrepetibles
Para lo bueno y para lo malo
Y a mí me parece discutible
Porque he regresado al pasado
He vuelto en una máquina del tiempo
La verdad es que no fue para tanto

Lololó loló lololo lololó
Loló lololo lolololo (x4)


Voy a convertir esto en un onlyfans de poesía.