inciso número veinte en el segundo mes del año más estático e indescriptible jamás presenciado

vigésimo inciso ya en las primeras 22 horas de mes, lo que nos espera

Share
inciso número veinte en el segundo mes del año más estático e indescriptible jamás presenciado

Me gustaría no pensar tanto en las cosas. No darle tantas vueltas a todo lo que hago, aunque nadie se dé cuenta de que lo hago. Poder apagar la luz morada del chivato que marca un proceso neuronal centrado en criticarme a mí mismo.

Todo empezó cuando empecé a convencerme a mí mismo de que el hecho de dejarme llevar un poco menos y controlar mis propios impulsos podría hasta llegar a ayudarme a sentirme mejor a medio plazo. La verdad, en ningún momento se me habría pasado por mente el hecho de que mi capacidad de autocrítica podría verse limitada. Pero creo que hace relativamente no mucho tiempo, llegué a la conclusión de que me estaba quemando un poco. No me gusta aceptarlo, y no es que sea por que admitirlo sea “hacerme menos” sino porque, digamos, me hace sentir que tengo que cambiar algo.

Todas las veces que he sentido que necesitaba hacer un cambio, algo ha salido estrepitosamente mal hasta el punto en el que creo que me asusta el no estar seguro de lo que hago, digo, pienso ni escribo. Todas las veces que me he opuesto, he pasado por las tres fases de sumisión, contradicción y asimilación. No me gusta sentirme una mierda, y no me gusta no ser capaz de darme cuenta de cuando debería replantearme lo que hago.

Esta semana me he convertido en mi peor pesadilla, tomando mano desde hace exactamente 7 días y 20 horas de entes que ya creía desaparecidos en mi día a día. Me he pasado una semana sumido entre dosis de tetracíclicos, benzodiacepinas y opioides que no hacen más que alimentar el pensamiento de que me voy a quedar joven para mi hígado. Y me da miedo admitirlo, sinceramente. No quiero aceptar que he vuelto a dejarme llevar un poquito. Pero llevo 4 días sumido de la misma manera, y hoy (a la fuerza) ha sido mi primer día de pararme a pensar. Y no me ha gustado.

No sé si en el fondo me va a sentar bien o no el darle vueltas, pero lo que hasta ahora he podido comprobar es que, por pensar más, no he sido más feliz.

No soy capaz de acabar segundo este año.
No soy capaz de no dejarme llevar.
Estoy hecho un vampiro de colillas.
Sinceramente vuelve a costarme ver cualquier salida.
Espero mañana no arrepentirme de admitir que a veces se me pasan estas cosas por la cabeza, y eso significa que no estoy bien.
Espero que no me deis mucho la brasa.

Procedo, pues, a intentar dormir y girar discos un rato hasta que los ojos no aguanten.