cuarenta y ocho cartas a mi futuro hijo: tras la muerte, se olvidan las voces

el fin de semana que no paró de llover; el nuevo desconocido que me cuenta como sufrió esperándote puede esperar a que tenga energía para soportarlo

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cuarenta y ocho cartas a mi futuro hijo: tras la muerte, se olvidan las voces

agárrate ben que vas solinha

Actúo. Vivo el personaje cada vez que te veo marchar por esas escaleras mecánicas, bajando al andén. No puedo tener más claro que vas a volver corriendo, moviendo tierra y aire para sentirte cerca de mí. No me da vergüenza admitir que lo sé. En el fondo no elegiría callármelo.

Por qué no te despiertas?

Los días veinte son complicados, al igual que los tres. Y los catorce, por supuesto, no los olvidemos. En un día veinte cualquiera pueden pasar muchas cosas. En un día veinte se pueden olvidar muchas voces.

Hoy te cuento cómo olvidé su voz. Cómo la perdí, y como aún sintiéndola sin sentirla la añoré. Cómo no hace falta conocerte para echarte en falta.

Dícese que en un lapso de cinco años, uno puede omitir, evitar, olvidar o tergiversar muchas maneras de querer. Podría no ser tan difícil dejar de querer como aparenta, al fin y al cabo, se trata de esperar a que sea el querer quien cambie.

Pocas veces he hablado con alguien tan poco como estando contigo. Quise buscar casettes de tus historias, explicando cómo mover tus cartas en la normativa partida de las dos del mediodía tras la ternera guisada, pero resulté no saber encontrarlos.

Lo importante no solo es necesitar respuestas, es saber formular las preguntas.

Y respirar, lo más importante siempre es respirar. Y después la familia.