cómo en 37 días consiguió imponerse la luna ante el sol de media tarde de julio

Verdes, como el trigo verde, como la sierra en primavera, como el musgo bajo tus pies. ¿Recuerdas como se sentía, tras el deshielo?

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cómo en 37 días consiguió imponerse la luna ante el sol de media tarde de julio

- (…Diga su nombre y apellidos antes de iniciar su declaración, por favor…)

- (…)

- Si, recuerdo bien esa madrugada. Como para haberla olvidado, señoría.

- (…)

- Claramente lo había visto antes, no se había dirigido explícitamente a mí, pero recuerdo haberlo tenido cerca múltiples veces.

- (…)

- No llamaba especialmente la atención, entendámonos, pero su presencia recurrente podría haber alertado a cualquiera que estuviera en dicha situación.

- (…relatar su primer encuentro…)

- No puedo precisarlo con claridad, pero tenga por seguro que siempre lo llevaba por delante, tan distante, tan cortante, mediando con la luna su próximo encuentro.

- (…)

- ¿Que qué llevaba? Podría explicar mejor lo que no llevaba.

- (…)

- Su mano izquierda cortaba el viento vacía, pero su mano derecha era capaz de ahorcar a todo aquel que tuviera en frente, con tal de ahogar sus palabras.

- (…)

- Si, supongo que no habré sido el primero que así lo sintió, con la decisión que en todo momento llevaba.

- (…)

- No, yo no lo maté, de los dos el único capaz de haber herido a alguien era él. Tampoco habría sido la primera vez, para sorpresa de nadie.

- (…)

- No llevaba ningún arma, nunca lo había visto empuñando ninguna. Ninguna más que su palabra, si así se le puede llamar a la palabra que silencia la palabra.

- (…)

- Es la rabia, señoría, de ver como por propio orgullo podría haber hecho todo lo posible por no sentir su sentido traicionado. Personificaba el mal deseo en quien no correspondía, había abandonado la razón a favor de un supuesto bien común que no representaba más que su mismo fin.

- (…)

- No, a su fin no lo temía. Temía la voz que, alzada, supiese hacerlo recapacitar su palabra. Lo habían embaucado, ¿sabe?. Lo habían engañado, se lo habían metido en la cabeza, y yo no fui quién de remediarlo. Ojalá haber sido capaz, de así haber sido no estaría en frente de usted.

- (…)

- ¿Que a qué me refiero? Pues a que si este país hubiese escogido bien su porvenir no estaríamos ni yo con estos grilletes ni usted trabajando al servicio de lo mismo que lo ha matado. No se de por ofendido, no es contra usted, sólo expongo lo que siento.

- ()

- No se preocupe si no sabe que contestar. Ahora mismo está sintiendo lo mismo que él cuando le hablaban: el miedo al no saber defender su propia mentira, su propia realidad.

- (…)

- No tiene por qué enviarme fuera de la sala, sabe tan bien como yo que una vez se contempla, la realidad aprovecha toda grieta para apoderarse del uno. Nunca es tarde para vivirla, no será el primero. Al final, todos somos igual de víctimas.

- (…)

- En lo que a mí corresponde, es la preocupación por mi vida, que corre a cargo de sus manos y de todo documento que firme. Ceda o no al irremediable hecho de sentirse corrompido por su propia existencia, yo ya estoy sentenciado. Quepa o no el favor en su futuro, no será fácil apartarlo y volver a su presupuesta imparcialidad.

- (…)

- ¿Entiende ahora su muerte? Su único culpable fue el rechazo al amor que empezaba a promulgar su mente. Prefirió silenciarlo antes que escucharse a sí mismo, porque se sintió una bestia. No fue quién de soportar el cambio, el sentirse encerrado entre tanto salvaje. No exijo que lo comprenda, sólo le ruego que no siga el mismo camino y que escuche lo que siente. A todos nos han gritado “A DORMIR, R* DE M*”, formará parte de nuestra escasa naturaleza, supongo. No tenga miedo a las cosas, tenga miedo a su nulo extremo. Nunca tema al amor, tenga miedo a su falta, que constituye el odio.

Apoyá’ en el quicio de la mancebía
Miraba esconderse la noche de mayo
Pasaban los hombres y yo sonreía
Hasta que en mi puerta paraste el caballo
Serrana, ¿me das candela?
Y yo te dije: Gaché
Ven y tómala en mis labios
Que yo fuego te daré
Dejaste el caballo y lumbre te di
Y fueron dos verdes luceros de mayo
Tus ojos pa mí

Ojos verdes
Verdes como
La albahaca
Verdes como el trigo verde
Y el verde, verde limón
Ojos verde', verdes, con brillo de faca'
Que están clavaíto' en mi corazón
Pa mí ya no hay sol, hay luceros en mi luna
No hay más que unos ojos que en mis días son
Ojos verdes, verdes como la albahaca (X3)