cinquantadue episodi in cui viaggio nelle città dei miei sogni: odio el italiano pero como venís de chulas a hablarlo tan mal os hay que dar lecciones
BOLETÍN ANORMALch pero en madriZ o mayrit para pros. Toda foto se encuadra en la diégesis del discurso narrativo. Tengo hambre y Adela no me cocina. Amaia deja de correr tanto que te pierdo de vista.
Hay veces que injustamente te arrebatan algo que sin duda era tuyo, y actúas en consecuencia. Hay otras veces en las que nunca has tenido algo que no te permiten tener.
Hace tiempo leí que Francia era de los pocos rincones del mundo en los que estaba mal visto bajar y besar a alguien en un andén a modo de despedida. Y no, (hoy) no estoy en Francia, pero bajar a un andén para despedirme con dos besos es una de esas cosas que no puedo hacer. Primero porque hay controles de seguridad. Segundo porque habría tenido que bajar a tantos andenes… que no tendría besos para cada uno de ellos. Y por último, porque a veces es mejor dejar ir, y no arraigarse al mínimo sentimiento de desesperación que dura un mundo1.
Mañana ma subiré a un tren, pasado a otro, y el viernes a otro más, y nadie estará esperándome en ese andén para recogerme ni despedirme. Quizás tras una puerta automática encuentre algún esqueje de ansia por verme, o quizás sea yo el que mire mi propio reflejo ante el cristal de la puerta con ansias.
Viajar con un libro en la mano, escuchando un bolero de amor… eso me queda muy lejos. Los cascos renfe se enredan entre las tomas de cable del asiento y mis orejas, los saltos entre raíles me hacen perder la línea, y el señor de al lado ronca mientras sueña con llegar a su hogar. Él llega, pero tu huyes. ¿Por qué, sino, estarías en ese tren?

tengo un décimo de lotería bendecido por las petunias y amor líquido, tú qué tienes?
Llegué entre unas aproximadamente trescientas personas masivamente a ese andén veinticuatro. Sucede que en cuanto pisas por primera vez un andén solo, no hay nadie que te diga hacia dónde tienes que moverte, sólo sigues a la gente. Estás más que perdido, pero por algún casual de estos que suceden a veces lo ignoras amablemente.
El metro está cerrado,
tardarás veinte minutos en cercanías.
Y eso de esperar por un tren…
Las líneas de metro me las conozco, podría decir que tengo un mapa medio grabado en mi mente con lo que me sirve de algo. Uno entre otros muchos, porque tengo grabadas muchas ciudades dentro. Igual por el hecho de conocerme tantas, se me olvidan otras tantas cosas. Como que hay días que no se puede dar todo (toca no dar nada) y el mejor plan recogerse entre batas y tacitas de chocolate caliente y una guitarra que se desafina solaz hacia arriba.

Si, mi guitarra tiene ahora la costumbre de desafinarse subiendo notas. Y me parece una cosa bastante curiosa, la verdad siempre había sido al revés. Pero ahora se sube y no para (nadita que ver). Espero que también se suban mis ganas de mojarme un poco hoy.

Usar un mundo como expresión temporal es una cosa aparte. ¿Cuánto dura un mundo? ¿Es mi vida lo que dura mi mundo?
La última foto es con Arepi disociando. ↩