no llega con visitar cincuenta y cuatro habitaciones tras la tuya, que me va a dar la misma rabia no haberme quedado con tu número; ce sont toujors les mansardes

2025 sigue muy presente, y de hecho ha aparecido ya muchas veces en mi memoria hasta la fecha, sin ser 2025; siempre nos quedará paris hasta que le pongáis acento y sea "parís"; historia de... otra +$

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no llega con visitar cincuenta y cuatro habitaciones tras la tuya, que me va a dar la misma rabia no haberme quedado con tu número; ce sont toujors les mansardes

Me di cuenta de que algo me perseguía el 24 de junio de 2025 bajo la Rue Lamarck, Paris, en frente a unos tornos de metro. Me sentí bastante reflejado en ellos, en cuanto a la gente que los esquiva. Cada uno tiene su técnica: unos saltan, otros empujan, unos pocos se pegan a más gente y se cuelan.

Pero al final, toda esa gente tiene bien encuadrado un objetivo, y los admiro por tenerlo tan claro, aunque sea un poco, digamos, mainstream objetivo tal.

He de admitir que los guardias saben cumplir su papel en la narrativa de ese día, y no intervienen. Eso, en un principio, me resultó bastante chocante, claro; cómo vas a permitir que toda esta gente se cuele, porque sino quién te va a pagar el sueldo? Me supuso un gran bofetazo el plantearme si era un acto de conformidad o simple complicidad.

De todas maneras, del metro se sale, y en cuanto pasé esos tornos, un soplo de viento de metro con su característico olor rápidamente me limpió la cabeza.

La primera vez tuve que leer dos veces el nombre Lamarck-Caulaincourt para decirte a qué estación de metro iría, sin decirte que a la que no iría sería a Jules Joffrin. Como si me conociese el barrio.

Por algún casual me fui a colocar el jersey de punto sin mangas amarillento, el que insistí que era veraniego. Y en ese momento, apoyando un poco la mano sobre mi pecho, sobre mi corazón, sentí que latía.

Hacía mucho tiempo que no recordaba sentirlo latir. No porque no latiera, sino porque a veces hay cosas que pasan e ignoro. Y no por ende son menos importantes.

No darse cuenta de las cosas se parece un poco a una maldición. Una maldición que viene y va, porque solo te azota a veces. Normal que a veces te vuelvas loca entre tantos matices, quién no?

Por ejemplo, no me di cuenta de que subir los cuatro pisos de tu edificio en plena ola de calor por las escaleras, sería una idea cuestionable. Porque créeme, recuerdo muy bien sentir mi corazón bien colocada en el pecho en ese momento.

Ni tampoco me di cuenta de que si al buscar conocimiento se puede encontrar, el amor también lo podría buscar sin apenarme. Y por eso te quedaste en tu habitación en Paris, y no estás en mi habitación (en mi casa, esté hoy aquí o mañana doquier). Y, pues, así me fui para siempre de tu habitación.

Y en pleno Montmartre solo me quedé. Sin ti, sin saber, y sin muchas gotas de sudor. Pero, si me pides volver, quiero que sepas que sabré llegar.

Si jamais je t’aurais déçu, si jamais je t’aurais manqué, ou même justement repassé entre des tas de souvenirs d’été, rapelle-toi de moi dès l’autre côté de la mer. Moi je te retrouverai parfois, sinon toutes les fois que je t’imagine, dans ton coin, ton coin dans mes véstiges de mémoire.