borrador 40: me gusta mirar el final mientras sucede
A veces el camino es bonito, otras no tanto. Pero eso ya lo han contado otros, así que voy a hacer skip en esa frase. Mientras, me voy a teñir el pelo 8.66 gracias.
He aprendido muchas cosas sobre estar solo, eso que llaman la soledad. Sobre la belleza de sentirse, de quererse, de tocarse, de mirarse a uno mismo. A veces echo de menos el no haber acabado de captar el mimarse, pero supongo que seguimos en proceso.
Me gusta llamar borrador a esto. Un día vi un vídeo explicando un ejercicio de desbloqueo creativo preventivo que consistía en escribir cosas, muchas cosas, y “salir sin guardar cambios” a propósito. Sé que probablemente esto vaya a guardarse, pero no supone ninguna derrota, sólo un regalito.

Otra parte del progreso es el admitir que a veces no es que no me guste vivir, es que no me gusta vivir así. Jamás olvidaré todas las veces en las que me he acercado al final1. Y puede que si, con la precisión del elevador de Artxanda haya estado a micras de rozarlo.
Nunca he apartado la vista, ni el sentimiento, ha formado parte de mí. No es una teoría sobre una oscuridad presente dentro de mí, tampoco un vacío de amor, es un vicio. Cada vez que me acerco y lo veo venir, siento que es mío, que me pertenece en su totalidad.

Necesito sentir el control sobre él, supongo que es mi manera de llevar la lucha hasta el final. Es el miedo a encontrar, con todo tu morro, la aguja en medio del pajar que te rompa desde dentro.
Se puede hundir el mundo, se puede hundir Madrid. Igual hundirme a mí es más jodido. Te ha fallado esta tormenta, prueba a mandarme un tifón. No sé como decirte lo mucho que me aburro.
(igual de alguna me acabo olvidando) ↩