15mg de procedimientos eternamente intolerables escapando a cualquier explicación que no sea mi bloque de notas
motomami debería ser considerado historia de ESpaña y mis paredes deberían estar pintados con fotos de la ROSI en grande
“Hasta que no arrancas la costra no sabes si está bien curado o no”
De esta manera empezó el 11 de enero. Abriendo pozos innecesarios para intentar forzosamente sonsacar información a una especie de convento neuronal sectario-anarquista sin jerarquización debidamente definida. Leyendo prospectos por pasar el rato e intentando frustradamente volver a doblarlos en un intento de disimular que en realidad si que me interesan las advertencias que sueltan.

Pero al nacer, no tienes ningún prospecto que leer. Nadie te ordena en qué dosis te irá mejor o peor el día. Nadie te avisa de los posibles efectos secundarios de un colocón de risas o de escucharte tu álbum favorito de Lana del Rey 7 veces concatenadamente. Nadie te explica realmente de donde viene lo que te estás tomando, pero haces como que lo entiendes.
Entonces, por reducción a lo absurdo, los prospectos son uno de esos elementos que el Señor ha decidido traer a nuestro mundo por sus mismísimos, porque no pueden explicar nada más que unos supuestamente complejos mejunjes art attack de quimicefas industrializados.
Y, en consecuencia, nadie tiene un prospecto para conocerme. Tampoco quiere decir que me gustaría tenerlo. Porque esto podría inexitosamente desembocar en una falta de iniciativa generalizada a la hora de mínimamente expresar voluntad de querer empezar a conocerme por parte de cualquiera de mis actuales conocidos.
Por lo que, todo este proceso aparentemente coherente y lógico no tiene más fundamento que cualquier otro bucle. Si p, entonces yo. Y yo. Y yo. Yo si y solo sí yo. Entonces yo es yo. Y p no es yo. Pero p implica yo. Y yo siempre de por medio.
Por eso me arranco las costras. Porque pienso en yo.